El rally de regularidad se rige por la precisión de los cronómetros y la sintonía entre piloto y copiloto. Pero el asfalto también impone sus propias reglas no escritas: el respeto al compañero, el auxilio ante fallas mecánicas en el trayecto y la caballerosidad deportiva.

Es un recordatorio de que, a pesar de competir por el codiciado trofeo del primer lugar, la hermandad de los amantes de los autos clásicos es lo más valioso.

En la carretera, la solidaridad es el primer reglamento.